14 dezembro 2015
14 dezembro 2015, Comentários Comentários desativados em Vida e Inmortalidade

Barcelona, 4 de diciembre de 2015

Al día siguiente de haber ofrecido Divaldo en Madrid su primera conferencia en territorio español, fue acompañado por su amigo Manuel Sonyer del Centro Espírita Manuel y Divaldo de Reus a la estación de Atocha y ambos tomaron un tren rápido para dirigirse a la ciudad de Barcelona. Allí llegó alrededor de las 12.30 horas, siendo recibido por sus amigos del Centre Barcelonès de Cultura Espírita.

A las 19.30 horas, estaba prevista al conferencia “Vida e Inmortalidad” que fue impartida ante 250 asistentes que abarrotaron el Salón Liceo del Hotel Silken Ramblas de la ciudad condal, quedándose algunas en pie. En los momentos previos a su inicio, una larga hilera de asistentes estaban preparados para que sus libros adquiridos fuesen firmados por este apóstol de Espiritismo.

Inicia su discurso Divaldo hablando de la existencia de la crisis (en griego κρίσις) en todas las etapas de la humanidad, y que en realidad es un término que significa cambio. En países como en la antigua Babilonia, hoy Iraq, Egipto, Israel, la antigua Persia (Irán), Turquía y muchos otros países, repetidamente se han ido sucediendo etapas de crisis.

El ilustre divulgador de la Doctrina Espírita, afirma que el problema de la crisis no es de carácter colectivo, sino que tiene tintes de carácter individual. El ser humano, constituido de 5 elementos, según psicólogos y antrópologos, difiere de todas las criaturas de la Tierra siendo tales elementos: personalidad, conocimiento, identificación, conciencia e individualidad, que juntos configuran la criatura humana.

A estos 5 elementos es preciso añadir el aspecto transpersonal, en el que C. G. Jung establecía que su camino es interno y el estado de plenitud es interior existiendo un viaje a fin de extraer del ser humano la sombra, o bien, las malas cualidades humanas como denomina el ínclito Codificador de la Doctrina Espírita, Allan Kardec.

De forma pletórica y en un ritmo in crescendo, Divaldo Franco ofrecía una trayectoria sobre los cambios más destacados de la historia de la humanidad, desde la destrucción del Imperio romano, momento en el que se levanta la larga etapa de la “ignorancia humana”, al surgimiento del imperio británico, pasando por la dura etapa de las Cruzadas, al descubrimiento de América y la época colonial española y portuguesa, surgiendo épocas de esclavitud en muchos lugares dispares.

Las crisis, que también afectan en el ámbito del razonamiento humano, como la separación entre ciencia y religión que fue propiciada en el siglo XVII, o la separación entre sentimientos y razón que propugna el filósofo francés Blaise Pascal.

Magistralmente, el sembrador de estrellas pone de manifiesto que la sociedad actual ha adquirido un progreso, pero que este progreso es horizontal y no vertical, centrado en el surgimiento de la tecnología y apareciendo a la par, el individualismo, la sexualidad y el consumismo, aspectos todos ellos que imposibilitan surgir la felicidad al ser humano. Juntamente con este progreso horizontal, emerge el aislamiento de la persona, cuya naturaleza en el fondo es gregaria, y que por ello proporciona la aparición de estados depresivos que serán la primera causa mortis de la humanidad con ocasión a la práctica del suicidio.

Ante una etapa en la que impera la amoralidad y la inmoralidad surgiendo en consecuencia la dificultad de educar a nuestros hijos en una sociedad en la que reina la futilidad, el Espiritismo cumple la función de unir ciencia y religión tan necesarias, estableciendo el instrumento de la Mediumnidad como un método científico del que surten consecuencias morales al probar la inmortalidad del alma humana.

Frente un público entusiasmado con la correlación de hechos y datos ofrecidos por Divaldo Franco, finaliza su exposición realizando un tratado sobre la necesidad del dolor como consecuencia de la irresponsabilidad de nuestros actos practicados una vez producida la etapa del arrepentimiento y previa a la etapa de la reparación del daño causado. Sin embargo, indica que el fin de la vida no es el sufrimiento sino buscar los medios de adquirir la paz y la certeza de que Dios existe, especialmente en estos momentos de crisis planetaria.

Largos aplausos resonaron en el salón Liceo, y acto seguido el público ansioso por formular cuestiones al respecto de tan interesante tema acerca de la crisis mundial, pudo ser respondido por Divaldo Franco en cinco ocasiones, ofreciendo extensas y profundas aclaraciones que maravillaron a todos los presentes.

Texto: Xavier Llobet
Fotos: Manuel Sonyer

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